Reseña: Fotografiar la lluvia, de Lluvia Beltrán

fotografiar-la-lluvia

“Fotografiar la lluvia” esa es la obsesión de nuestra protagonista, desde que era bien pequeña, el vínculo más fuerte que compartía con su padre era la pasión por la fotografía. Durante su niñez, Lluvia (así es como se hace llamar nuestra guía en esta historia) lloraba mucho por las continuas discusiones de sus padres, de ahí que su padre se refiriese a ella en repetidas ocasiones como “lágrimas de cocodrilo”.

Ahora es Lluvia la única que intenta recoger el sentimiento que desprende la lluvia a través de una simple instantánea. Tras unos meses sin conseguir trabajo, decide tener una temporada sabática en la que dedicarse a lo que ella realmente quiere, para poder relajarse y encontrarse mejor, por lo que toma por costumbre recorrer distintas partes de Madrid con la cámara como única compañía para poder retratar lo que ve, la gente haciendo su vida sin saber que ella les está observando, dándole forma a su nuevo proyecto: ser capaz de captar con una fotografía los sentimientos y emociones de la gente, ya sea alegría, tristeza, dolor o placer.

Con lo que Lluvia no contaba era con la posibilidad de que alguien se diera cuenta de su presencia y del hecho de que estaba sacando fotos, por eso no vio venir el peligro cuando empezó a caer la noche y ella se disponía a salir del Parque Del Retiro, donde había echado la tarde haciendo fotos. Un hombre la cogió por detrás y con muy malas maneras le pidió explicaciones de que le hubiese hecho fotos sin su permiso. Ante la negativa de borrar las fotos o entregarle la cámara, Lluvia consiguió zafarse de su agresor y echar a correr por las calles de Madrid, hasta que en un instante todo cambia. De repente aparece un coche que arroya al tipo que la persigue antes de conseguir darle alcance, quedando Lluvia escondida y aterrorizada entre unos coches en la calle siguiente. Del coche se bajan un chico y una chica, que al ver al hombre tirado en mitad de la calzada se asustan y al referir que no llevan el carnet, deciden huir para evitar problemas.

A los pocos días, Lluvia sigue siendo incapaz de olvidarse de ese tipo, el que la agredió sin venir a cuento, y más después de haber presenciado el accidente. ¿Habría muerto? No lo sabía, ni tampoco sabía si era bueno alegrarse por si así fuera, después del mal rato que había pasado, pero en fin, había que intentar hacer borrón y cuenta nueva, con la esperanza de que estando vivo o no, no se volviesen a cruzar nunca más.

Nuestra protagonista sigue con su vida, y a lo largo de ese mes conoce a uno de los chicos a los que sacó fotografías en el parque esa misma tarde, mientras hacía malabares con distintos objetos, Adrián,  parece un chico simpático con el que entablar conversación, y quién sabe, quizás algo más.

Una tarde, tras quedar a tomar un café con su prima Tere; la más cotilla y crítica de toda la familia, especialmente con su prima, la que vive sola, no tiene novio ni trabajo y sigue exactamente igual que unos años atrás; ésta le propone un “trabajito” haciendo unas fotografías al local de un amigo que quería dar a conocer su pub a través de Internet. Aunque al principio se muestra reacia a aceptar el trabajo, Lluvia finalmente lo coge y al ir a hacer las fotos descubre que el sitio tiene al fondo del local un pequeño escenario donde dar conciertos para que los nuevos grupos se fuesen dando a conocer en la ciudad. Justo cuando está fotografiando esa parte, se da cuenta de que un grupo está preparando todo para dar una actuación esa misma noche, y conoce de improviso a la cantante del grupo, Sonia. ¿De qué le suena? La había visto en alguna parte, pero no recordaba exactamente dónde y cuándo, pero nunca olvida una cara… ¿Será ella? ¿Es posible que de todas las personas de la ciudad haya tenido que chocarse con la chica que se bajó del coche asustada cuando atropellaron a su perseguidor? No es posible… Qué pequeño es el mundo.

Éste es un libro que nos hace pensar, nos hace darnos cuenta de que una persona no es tal y como se deja ver de cara a los demás, puede ser totalmente distinta cuando se encuentra con su grupo de amigos en comparación a cuando está con su familia o su pareja. Nuestra protagonista es una persona solitaria, no quiere compromiso ninguno ni le gusta estar rodeada de gente que pueda observarla y juzgarla. La relación que mantuvo con su expareja hace unos años le dejó un vacío muy grande que aún no ve capaz de llenar con nadie más.

Otro tema que nos muestra claramente a lo largo de sus páginas, es que la intimidad es algo que todos queremos pero no siempre respetamos en los demás, y no todo el mundo se lo toma de la misma forma.

Al ser una persona tan reservada en su vida tanto personal como profesional, Lluvia se desahoga a través de su blog de fotografía, donde publica distintas fotos sin tener que pedirle opinión a nadie, simplemente se las muestra al mundo, sin pedir nada a cambio. Pero todo da un giro inesperado cuando Adrián entra en su vida y se da cuenta de lo que cree que siente por él sin apenas conocerle, y también cuando conoce por casualidad a Sonia. Toda esta mezcla de sentimientos encontrados encauza la lectura hasta un final interesante.

A raíz de conocer a Sonia, quien le pide que fotografíe al grupo a lo largo del concierto, Lluvia conoce al resto del grupo: Kike, Ramón y Juanfran, quienes desconfían de ella en un primer momento pero terminan entendiéndose algo mejor a lo largo de la historia.

¿Recomendación? A todo aquél que disfrute con el mundo de la fotografía, ya que a lo largo de esta historia las descripciones son muy ricas en detalles, mostrándonos los secretos del mundo de las instantáneas, a quien le gusten las historias de amor complicadas y sorprendentes al mismo tiempo, y para los amantes de la intriga, ya que de principio a fin, estaremos con “la mosca detrás de la oreja”.


Use Facebook to Comment on this Post

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR:

You can leave a response, or trackback from your own site.

Responder

Licencia Creative Commons